miércoles, 14 de mayo de 2014

Fue una tarde de verano



Tres hombres acababan de tomar el primer sorbo de su jarra de cerveza helada , sentados en la terraza de La Cubana , cuando empezaron los gritos .
Acababan de llegar desde la costa , conduciendo a casi 200 kilómetros por hora , para estrenar el último capricho de Miguel . El descapotable reverberaba por el calor del motor recién apagado , mientras los amigos , únicos clientes del bar a aquella hora , lo contemplaban extasiados .
Miguel fue el primero en salir corriendo escaleras arriba  , con el corazón desbocado al oír los gritos que salían del portal abierto de su casa , junto al bar. Era la voz de Marina , su hija de siete años . Olvidando las cervezas , sus dos amigos le siguieron .
Los gritos provenían del dormitorio. Miguel se dirigió hacia allí casi a ciegas , por la penumbra en que se encontraba el piso.
Al llegar frenó en seco, y los otros dos chocaron contra su espalda . Empujando a Miguel , que con su cuerpo tapaba la puerta , lo apartaron para entrar.
En el rincón del fondo, detrás del armario ropero, la niña seguía chillando en cuclillas , protegiéndose la cara con los brazos. Entre sus dedos salían mechones de pelo de los que tiraba con fuerza histérica .
Lo que vieron no fue lo que contarían más adelante, durante el largo juicio.
El pequeño Daniel , de doce años , se encontraba a horcajadas sobre el cuerpo inerte de su madre . Gemía y sollozaba mientras movía las manos sobre el pecho de ésta . De repente, el cuerpo del chico se tambaleó hacia atrás, y alzó los brazos. Un cuchillo de cocina se alzó en el aire, salpicando de sangre la cara del muchacho. Saltó de la cama , y sin ver a nadie, como si solo él y aquel utensilio existieran en ese lugar y ese momento, se lanzó hacia la puerta , de donde los hombres se apartaron asustados ante el niño enloquecido y armado.
Miguel corrió escaleras abajo tras su hijo. Los otros dos aún tardaron unos segundos en reaccionar , y apartar la vista del infernal espectáculo que tenían ante ellos.
Las sábanas blancas se confundían con los encajes del camisón que Ana llevaba puesto y que se le había subido hasta el vientre, dejando al descubierto las bragas del mismo color. Todo lo que había sido blanco resaltaba el violento rojo que manaba como una fuente de su cuerpo... del pecho, de los brazos, del estómago.
La niña seguía gritando desde el rincón , meciendo su cuerpo en la misma postura defensiva . Los hombres empezaron a salir de espaldas, sin poder apartar la vista de la mujer muerta hasta que estuvieron fuera . Entonces corrieron hasta alcanzar la escalera .
Daniel estaba en medio de la calle. Ensangrentado hasta los codos, alzando el cuchillo, que miraba entre lágrimas y temblores que estremecían todo su cuerpo.
Miguel lo llamó por su nombre, el niño se volvió hacia su padre sin bajar el arma , y un grito salió de su boca :
-¡Mamá!, ¡mamá está muerta papá!
-Daniel, dame el cuchillo, por favor, dámelo, dámelo... Miguel sudaba y el sudor se mezclaba con lágrimas. Su rostro estaba empapado de agua salada . (-y Ana de sangre-, pensó.). Cayó de rodillas, sintiendo cómo su alma se rompía de dolor. Su hijo, su único hijo estaba allí, y él no podía creer que todo aquello estuviera pasando.
Sal de lágrimas. Sal de sudor. Sal de mar. El mundo olía a sal y a hierro. El olor de la habitación , de la sangre vertida fuera del cuerpo de la mujer mas hermosa del mundo.
La gente había empezado a asomar de las casas, cerradas a la calima de mediodía. Pero nadie se atrevía a moverse de su portal . Ellos también olían la sal y el hierro, y ese olor perduraría para siempre en aquella calle, en aquel pueblo, y de vez en cuando, pasados los años, un fogonazo de recuerdo les llegaría con una ráfaga de viento impregnado del olor a sangre y sal en los meses de verano, cuando el sol provocaba mareos y nublaba la vista .
Fueron Antonio y Marcos los que consiguieron que el niño dejara el cuchillo en el suelo, tras casi media hora al sol, sudorosos, agotados y aterrorizados todos.
Miguel había subido otra vez, olvidando a su hijo. Lo encontraron llorando, tumbado en la cama junto a su esposa , ahora ensangrentado él también . Aspiraba el olor que emanaba del cuerpo tibio, sin saber bien lo que hacía . Pero si ése era el último aroma que iba a recordar de ella , lo quería introducir en sus pulmones, en su cabeza, en su recuerdo, para siempre jamás. Marina seguía en el rincón , pero ya no gritaba . Su garganta se había roto.
Los servicios sociales se hicieron cargo de ella , que quedó sola y olvidada por todos. Enloquecida y sedada , apenas caminaba ni comía . Ella , que lo sabía todo, no fue interrogada . No sabía lo que ocurrió fuera de aquel manicomio los meses y los años siguientes, ni le importaba. No era consciente de que tuviera que importarle, ni de que ella era la única que lo vio. Nadie fue a preguntarle .
Eso fue lo que encontró la policía del pueblo, cuando llegó el primer coche patrulla , casi una hora después de recibir las llamadas de auxilio de los vecinos .
En julio, en aquel lugar, a aquella hora ... ¿quién hubiera pensado que pudiese pasar algo?. Los cuatro funcionarios del orden se encontraban desviando el tráfico en un atasco a la entrada de la costa . Temporada alta turística ...
Llevaron a Daniel al calabozo . Empapado de sangre . La sangre de su madre , confirmó el forense . En el cuchillo había multitud de huellas, las del chico entre las otras, todas confundidas y sobrepuestas .
Miguel se presentó al cabo de dos días, acompañado por sus amigos . Uno de ellos salió pasada una hora , y regresó con un hombre oscuro y anodino. Un abogado. Éste pidió cita con el comisario. Miguel firmó una declaración . En ella, relataba cómo había asesinado a su mujer .
-¿Móvil? 
-Quería cobrar su seguro de vida para pagar el coche nuevo. Estaba planeado hacía meses .
Y luego se había ido con sus dos amigos y su hijo Daniel a la costa , a estrenar su descapotable. No previó que el chico saltara al llegar y subiera al piso el primero. Debía parecer que un ladrón había entrado y, encontrando a Ana , la había matado para robar.
Durante el juicio, solo la compasión por aquel niño que sollozaba con la frente apoyada sobre la mesa , oculta tras sus delgados bracitos, hizo que lo increíble fuera creíble .
La víctima se encontraba vestida solo con un leve camisón blanco en pleno día . Las sábanas, alborotadas. Como si hubiera estado yaciendo. No faltaba dinero, ni joyas, ni nada estaba revuelto. No había signos de lucha .
La hija , en estado catatónico y demasiado pequeña , tampoco serviría como testigo, y fue descartada .
La sangre tibia , que aún seguía esparciéndose sobre el colchón cuando la policía entró, no concordaba con las horas que , según Miguel, hacía que había abandonado el cuerpo de su mujer para irse a pasear con sus amigos y su hijo.
Pero al tribunal, por las ventanas abiertas, le llegaba el olor a sal y hierro, y querían que aquello acabara ya . Condenaron a Miguel, y el pequeño acabó creciendo con sus abuelos paternos.
Treinta años de cárcel, treinta años de dudas y dolor.
Miguel murió de cáncer sin saber quién había roto su vida y la de sus seres amados.
Sus amigos, los que juraron en falso, nunca volvieron a visitarlo, y, si en algún momento de sus vidas se cruzaron por el pueblo con Daniel, volvieron la cara para no mirarlo. Ellos sí creían que había sido el niño. Ellos y todo el pueblo.
Pocos días después del crimen, un hombre mal vestido, moreno y de mirada huidiza , se enrolaba en un barco pesquero rumbo al norte, para no volver jamás. Había entrado a robar en una casa silenciosa , que, tras un rato de escuchar sin apenas respirar, creyó vacía . Pero la mujer del camisón blanco le encontró en el dormitorio. Debía estar en la cocina, y se abalanzó sobre él con el cuchillo. Solo tuvo que empujarla y apagó sus gritos con el mismo cuchillo que resbaló de su mano por el mismo terror.
(Había una niña pequeña oh dios oh dios mío qué hice...) . 
Debían descansar juntas cuando él entró. La vio al levantar el rostro, con el arma en la mano. Solo con mirarla , la niña se puso a gritar cubriéndose la cara con las manos. Entonces, huyó. Nunca leyó los periódicos. Nunca supo lo que había provocado con su último intento de robo, que por primera y última vez fracasaba .
Antes de un año, el hombre moreno se tiró por la borda del barco pesquero. No podía dormir. Cada vez que el cansancio lo vencía , los gritos de la niña lo despertaban bruscamente, y la delgadez de su cuerpo, que vomitaba todo lo que tragaba a duras penas, no le permitía trabajar en el duro oficio de pescador.
Ilustración: Pau.     escapulanews.blogspot.com.es









lunes, 12 de mayo de 2014

Cuatro kilómetros



La noche que Marta se suicidó , fue un acto tan impulsivo como los que habían dominado todos los hechos determinantes de su caótica vida . Si todos los que la querían , o al menos apreciaban , como ella hubiese dicho, se devanaron los sesos pensando por qué no dejó una nota de despedida , por qué precisamente de aquella forma tan brutal , ninguno hubiese acertado en que no había ni premeditación , ni intención .
No murió en el acto . Su último castigo fue sentir el dolor más grande (quién le hubiese dicho a ella que siempre podía haber algo más doloroso que lo anterior), y su último pensamiento fue :
-¡Oh Dios mío, yo no quería matarme!
Hacía unos segundos , caminaba por el arcén de una carretera secundaria , con un chándal manchado de lejía en los bajos del pantalón , y un forro polar azul marino . Las piedrecillas de asfalto se le clavaban a través de la fina suela de sus viejas zapatillas de andar por casa .
Ya no podía más . A pesar de ser febrero, sudaba por los cuatro kilómetros que había dejado atrás desde que dio el portazo, dejando la cena en la mesa y caminando a paso ligero sin rumbo, hasta salir del pueblo y continuar por la carretera oscura .
Ya casi no recordaba exactamente la escena que la había hecho salir de casa a esas horas . Tampoco lloraba . Sentía las lágrimas resecas en la piel caliente , pero el agotamiento hacía rato que le había quitado las ganas de seguir llorando. ¡Si le venía justo respirar!
De vez en cuando, un coche la deslumbraba , y ella , mareada y con los pies cada vez más doloridos , se tambaleaba un poco, pensando en la posibilidad de caer . Hacia el arcén sucio que a trozos olía a rata podrida , o... hacia los faros.
Su móvil sonó, y ella rebuscó en su bolsillo.
-¿Qué quieres?
-¿Dónde estás?
-Cerca del cementerio.
-Vas a tardar mucho? Tu plato está en la mesa aún. ¿Te lo caliento?
-¿¡Qué!?
Marta no podía creerlo. Estaba a más de cuatro kilómetros de casa , y ni siquiera se habían dado cuenta . Posiblemente creían que se había ido con el coche. ¿Dónde? ¿Es que nadie se daba cuenta de que estaba furiosa , y por eso había salido del piso de un portazo? ¿Cuánto tiempo llevaría andando en zapatillas? Desde luego, hasta que ellos no habían acabado de cenar en paz , libres de sus gritos , él ni se había molestado en llamarla .


En ese momento, unos faros se acercaban rugiendo en dirección a ella . Cegada por la luz , entornó los ojos, otra vez anegados de lágrimas de rabia , y, sin pensarlo , solo dejó que sus pies avanzaran hacia la derecha . Solo un poco. Fuera de la tenue línea blanca del arcén . Esa fue la última estupidez que cometió en su vida . Realmente no quería morir. Ni siquiera había soltado el teléfono, que salió volando hacia el cielo.

jueves, 17 de abril de 2014

Para siempre, Gabo.


Perdidas las musas , la inspiración y la fuerza de voluntad , me obligo a escribir por respeto, porque no puedo dejar pasar que hoy uno de mis ídolos ya es una estrella en el cielo . Inigualable genio de la historia de la literatura mundial , uno de los poquísimos , casi el único , creo , escritor que me ha hecho releer sus novelas , nos ha dejado . Cuando tuve en mis manos "Memorias de mis putas tristes", ya sabía por la prensa que aquella sería la última . Nadie podrá igualar nunca el realismo mágico, el don de los adjetivos que nunca agobian, los adverbios que no sobran, la palabra justa, estudiada y escrita con tanta sencillez como fuerza.

Sé de memoria , a fuerza de releerlo , el comienzo de "Crónica de una muerte anunciada". La fuerza con que empieza es inmensa , te obliga a seguir el relato que sabes desde la primera frase cómo va a terminar :
"El día que lo iban a matar , Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo . Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna , y por un instante fue feliz en el sueño , pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros ."

En "Cien años de soledad", me quedo con las soberbiamente resumidas 469 páginas en una frase insertada en un párrafo , algo a lo que jamás podríamos aspirar a saber hacer casi ninguno de nosotros , simples mortales , ésta es para mí la frase que describe la grandiosidad de este hombre :

Aureliano no pudo moverse . No porque lo hubiera paralizado el estupor , sino porque en aquel instante prodigioso se le revelaron las claves definitivas de Melquíades , y vio el epígrafe de los pergaminos perfectamente ordenado en el tiempo y el espacio de los hombres :
El primero de la estirpe está amarrado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas .

Solo he querido recordarlo como buenamente sé , aunque jamás  le olvidaré , porque Don Gabriel, Gabo , estará para siempre en el lugar más querido de mi biblioteca .
Gracias por haber existido y descanse en paz .

martes, 15 de abril de 2014

Hasta otra...


Hola amig@s. Tengo que deciros a los que entráis en el blog a ver qué chorradas he escrito últimamente , que me despido hasta mejores tiempos . Estoy bloqueada , no puedo pensar en nada entretenido . Me paso horas mirando mis apuntes, pasando de una a otra de mis dos novelas a medias , y al final cierro el ordenador enfadada y triste. Mi cabeza está en blanco.
Además de que estos dos últimos meses escribir era un suplicio físico también . Hace dos meses, me puse a arreglar el jardín para la primavera y el verano. Trasplanté rosales ante la puerta, sembré pensamientos, geranios, crisantemos y claveles. Las rosas han muerto, y las flores no nacerán siquiera . Porque no he vuelto a regarlas, y las flores sin cuidados y cariño se mueren , y yo , por desgracia , no soy el Principito , que estuviera donde estuviera , siempre regresaba a regar su rosa amada y ponerle la campana de cristal para que no le diera el frío de la noche . Aunque si alguna sobrevive, aunque yo ya no lo vea, habrá valido  la pena el haberme dislocado el codo en un lugar donde nadie lo iba a agradecer . Bueno , ni siquiera creo que nadie viera las flores más que yo... pero son flores...
Solo tengo ganas de estar en mi pequeña cala escondida , cuando no hay nadie y solo las olas rompiendo contra las rocas me susurran cosas que no comprendo, pero que me tranquilizan . Es mi infancia , que está allí , y allí vuelvo como siempre , cuando necesito soledad , pero la compañía y el olor del mar .
Hasta más adelante , si puedo volver a escribir .
Adiós y sed valientes en la vida . Lo único seguro , es que el sol saldrá cada mañana , día tras día .

jueves, 10 de abril de 2014

Chopin - Preludio en re bemol mayor Op 28 Nº 15 "Gota de Agua"



Hoy he llevado fotos a imprimir. Muchos años guardadas en una carpeta, esperando un momento que nunca llegaba. No era tan importante, siempre podía esperar. Al fin, el momento ha llegado. Cuando se hicieron muchas de ésas fotos, eran "mis fotos", "nuestras fotos". Al volver a casa, me he encontrado haciendo cuatro montones con ellas. Porque el tiempo ha pasado, y solo quedan las fotos para recordar una familia que ahora son cuatro individuos. Cada cual quiere las suyas. Y si en alguna coincidimos, que tire de ella quién más la desee...
Cuando Chopin escribió este preludio, en La Cartuja de Valldemossa, estaba solo en su celda . Aurore y los niños habían salido a correr aventuras bajo la lluvia . Fréderic, enfermo, febril y deprimido, esperaba su regreso, atormentado por las voces, los fantasmas, y la gota de agua que caía sin cesar en un cacharro de cocina.
De esa tarde de tormenta, del sentimiento de soledad y tristeza, salió esta romántica pieza.

Ni siquiera tras su muerte, aquella historia de amor tuvo más recuerdo que lo que de ella escribió George Sand, escondiendo su relación ilegal tras un pseudónimo, y una supuesta amistad. El único retrato de los -en un tiempo enamorados-, realizado por Delacroix, fue cruelmente cortado y expuesto en dos museos diferentes, en diferentes países. Una historia de amor tan grande, que dio frutos como ese preludio, y como "Un invierno en Mallorca", se acabó para siempre tras la tormenta .
He visto las dos partes del cuadro, y las dos veces he sentido una punzada de pena. Y a cada uno le he dado un beso de parte del otro. Por lo que fueron un día .


miércoles, 9 de abril de 2014

Los gatos dan mala suerte



Esta mañana me he despertado a medias entre el suicidio y el intento de asesinato. Es una mala forma de empezar el día, de verdad. Suena fatal, pero la explicación es peor.
Mi linda gatita, cada mañana al salir el sol, se sube a mi cara, la patea, la empujo, y salta a la mesilla de noche. Entonces, empieza a restregar su hociquito por la lámpara, empujándola hacia mí hasta que me la tira encima. Antes lo hacía con el móvil, el reloj, los kleenex... pero como caían al suelo, buscó algo más contundente: la lamparilla de noche.
Yo ya estaba desesperada, no sabía qué hacer. Es que, encima, es la única que me queda, porque la del otro lado de la cama ya la rompió hace unos meses, pantalla y bombilla, al no acertar la cama y empujar hacia el suelo, y casi nos mata a todos de un infarto.
Mi gran idea de anteayer fue que, antes de que rompiera también ésta, la cambiaría por un cubo de cristal mazizo que tengo en una cómoda y que nunca enciendo, así que toda feliz, ayer por la mañana, con un ojo abierto, espiaba a la gatita subida al cubo sin saber qué hacer, y yo me reía sola, y mi error ha sido confiarme. Esta mañana, tras el pisoteo de cara, riñones y todo lo que le dé por pisar, (por cierto, carente de cualquier ronroneo o cariñito), me he vuelto tranquilamente. Es que eran las 7 de la mañana... y lo siguiente, ha sido notar algo que me rozaba la oreja y rebotaba en la almohada:
¡El cubo!
Ahora entendéis lo del suicidio o asesinato... si me encuentran muerta de un lamparazo, ¿quién va a sospechar de la gata???
Y realmente, hubiera sido un suicidio, porque la lámpara la puse yo ahí, sabiendo que esa gata no es una gata, sino un engendro del demonio... aunque luego le dé besitos, si, lo reconozco...
Por supuesto, esta mañana se ha quedado sin su bol de leche.
Lo mismo me pasa con todo en la vida. Ahora estoy escribiendo aquí hackeando mi propio blog, porque no hay manera de entrar desde ayer, y he tenido que buscar una puerta por el sótano para entrar.
Patético.
Ya sé que tres cosas hay en la vida, y a mí me falta de las tres, pero la tercera, es algo que lo cuentas y no se lo cree nadie. 
A los 15 años, me enamoro de un alcohólico drogata que 25 años después me sigue dando mala vida.
El segundo "hombre de mi vida", 14 años más tarde, resultó ser gay, y yo era tan inocente en materia masculina que tardé meses en saber por qué le gustaban más los perfumes a él que a mí.
Y el tercero ha tardado nueve años en darse cuenta de que un artista no sabe vivir en pareja y que ya no me quiere, porque la convivencia ha sido un desastre... 
Y mi gata intenta asesinarme con el único artilugio de Ikea que no es de cartón ni plástico desmontable.
Eso sí, este ha sido el primer caso de intento de asesinato en la historia en que a la víctima le ha dado un ataque de risa sincera. Debo ser una bruja, porque sigo adorando a la puñetera maltratadora matutina.
Luego la gente usa despectivamente el apodo "loca de los gatos", pero es que l@s que tenemos gatos somos de una pasta especial. 
No voy a decir que es que nos gusta que nos traten mal, porque los perros tampoco se merecen normalmente al tipo de persona que tienen por "amo", "compañero", o como quieran llamarse. Mucho "te quiero perrito", pero yo me fijo en cómo los tratan día a día. 
En fin, a buen entendedor, no sé muy bien lo que digo.

martes, 1 de abril de 2014

Pues vale, hablaré de mí...



Es casualidad, pero desde hace una semana, no hace más que salirme por todos lados información sobre cómo debo y no debo hacer las cosas. Por lo visto, este blog es demasiado impersonal, si no tengo más seguidores es porque aparte de copiar fragmentos de lo que escribo como un anuncio publicitario, nadie encuentra en él nada que le diga algo sobre mí. 
Pues bien, son las 2'30 de la madrugada, y, como tantas noches, estoy escribiendo. Es la mejor hora para mí. Y hoy me he decidido a hacer caso a los consejos, tanto de bloggers expertos como de amigos que me han hecho reflexionar sobre que en ésta forma de vida, no puedo vender mis "productos", sin contar qué clase de persona se esconde tras ellos. 
Sin florituras ni dramatizaciones. Además, contaré lo que me salga de las narices. 
Soy una persona de grandes, grandísimos contrastes en mi vida. No sé por qué, pero yo disfruto poco de los colores del arco iris. En mi vida hay cosas o muy buenas, o muy malas. En medio, poca cosa.
Por ejemplo, fui una niña muy feliz, (qué frase tan manida), y, a los quince años, el mundo se volvió del revés, y ya no quedó nada. Ni el polvo. 
Tuve que dejar los estudios, aunque lo intenté hasta dos años más tarde, pero era imposible. 
Volví al instituto a los 29, y los profesores me animaban a seguir, a estudiar una carrera, pero las circunstancias me obligaron a quedarme con un auxiliar de enfermería. 
Como contraste a lo que me trasladó en el tiempo de los 15 a los 29 años, con lo cual yo nunca fui una joven, esa época no ha existido en mi vida, tuve dos hijos que compensaron con creces todas las cosas malas de mi vida. 
El dolor, el cansancio, el llanto, todo quedó compensado. 
Me quedaron secuelas de por vida, pero después de sobrevivir, debería importarme muy poco lo que la gente que no me conoce juzgue de mí. 
Eso fue un problema durante mucho tiempo. El rechazo de la gente, más o menos descarado, la baja autoestima, incluso la compasión de los bienintencionados me convirtieron en alguien que rehuía las relaciones sociales. 
Pero hay que llegar a los 40 para que realmente no te importe una mierda lo que digan o piensen los demás, os lo aseguro. 
Después de doce años trabajando en la profesión que buenamente pude conseguir robando horas a todo, un día todo explotó. 
La crisis laboral, (dos años cobrando con cuentagotas cada dos o tres meses y mentiras de los jefes) se unió a una personal. Me vi trabajando en un lugar que odiaba. A personas que apreciaba les contestaba mal, en casa lloraba, me puse muy enferma y cada dos por tres estaba de baja. Llegué a pensar cosas horribles, estaba hipocondríaca, y todo era psicosomático. 
También tengo secuelas de eso, contracturas crónicas, y una artrosis mecánica (significa de forzar las articulaciones más de lo que debes). 
La artrosis es lo peor. Ya no podré volver a trabajar en según qué puestos, y mis dedos me hacen avergonzar a veces, porque están retorcidos e hinchados. En cualquier entrevista de trabajo, con 42 años y viendo mis manos, en cuanto salgo tiran mi currículum a la basura. 
Como sabéis, me encanta escribir. Y lo que más me gustaba era llenar libretas y libretas con una letra preciosa que me encantaba a mí misma, y más que la gente me lo dijera . Ahora, solo puedo escribir la primera línea. La segunda empieza a tener tirones en las letras, y a la tercera, mis dedos se agarrotan y tengo que parar. Es una suerte vivir en la época de los teclados...
Ese es uno de los motivos por los que, cuando me quedé en paro, encontrando trabajos esporádicos, retomé la escritura, y mi familia y amigos me animaban a intentar escribir como medio de ganarme la vida. 
Al principio, todo era entusiasmo y horas de trabajo. Poco a poco, fui conociendo el mundo editorial, y al final me he dado cuenta de que para ser escritora y ganarse la vida, no vale una puñeta que escribas cosas buenas o malas. Es que tienes que vivir en un determinado ambiente, ser una persona en concreto... o nunca te van, no a editar, sino ni siquiera a leer. 
Pero este es mi blog, y me dicen que me dé a conocer, que cuente quién soy, y qué sentido tienen éstos párrafos o parrafadas que escribo y que algunas tienen docenas de visitas, la mayoría porque comparto cada entrada en Facebook, pero que no aumenta en seguidores públicos. 
Es que hay blogs buenísimos, súper profesionales, y yo ni siquiera sé casi nada de informática para hacerlo atractivo. 
Así que espero que a los curiosos, os haya gustado lo que he escrito hoy, y que no dudéis en preguntar lo que queráis, sobre lo que escribo, por qué escribo sobre terror, o misterio, o si queréis, sobre mí misma. A eso responderé quizás con reservas..
Ya sabéis que se puede comentar de forma anónima, ni yo puedo saber quién ha sido, (a no ser que sea mi hermana, claro).
Si seguís mi blog, si me comentáis o preguntáis, a lo mejor me animo un poco. Aunque sea para decirme que pensáis que soy una gilipollas. ¡¡Tengo una altísima tolerancia a la frustración!!. Me estoy pasando de sincera, pero a estas horas y con el diazepam no se puede esperar mucho más... aunque a lo mejor aún me tomo un café y me pongo con el segundo capítulo de mi nueva novela... bona nit!