Este es un diario que llevo escribiendo desde hace años. En él, mis historias reales se mezclan con relatos ficticios, con pequeñas confesiones de mi vida, con algunas lecturas, y espero que la gente que lo lea lo disfrute, me pregunte, lo comparta, y me anime a deshacerme de complejos y temores que publico entre líneas cuando lo que desearía es gritar al viento, lo bueno, y también lo malo.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Escribir
Nunca podré ser escritora . No me llaméis así, porque no lo soy , ni quiero ser una intrusa en un mundo tan complejo , donde los escritores han trabajado muy duro para conseguir ese honor.
Por más que me guste escribir, a mis relatos les falta el alma . No será que no me empeñe en ponérsela , ni que no me dé cuenta , es que para escribir, hay que ser muy valiente , y yo soy una cobarde .
Porque una persona llena de fobias , entre ellas , el pánico a hacer el ridículo , no puede escribir para que otros lo lean . Para eso tengo mi cuaderno , en el que escribo a mano , con mis dedos artrósicos que se empiezan a agarrotar en la tercera línea , hasta que entre el dolor , y que no se entiende una palabra , lo guardo otra vez enfadada e impotente .
Quien escribe para que otros lo lean , no puede tener vergüenza . No debe importarle lo que otros piensen sobre los personajes o el tono de alguna escena .
Si no se puede una enfrentar a eso , no sirve de nada escribir y borrar constantemente .
Si temes que se burlen de ti en la vida cotidiana , y por ese motivo , personas de alta autoestima y mucha mala leche, te calan en cuanto te conocen y les caes mal por ser como eres , por hablar, por opinar , por esconderte en un rincón cuando hay más de tres personas juntas ... ¿Cómo vas a triunfar en las redes sociales intentando promocionarte como escritora , pero sin querer caer en el narcisismo , sin hablar apasionadamente de un tema , de tu obra , de lo que sabes... ?
Si te han enseñado a callar , se han burlado de ti , te han vejado a sabiendas de lo poco que necesitas para sentirte ridícula , estúpida , sabihonda , ignorante ...
Si al final has acabado por decir siempre que no sabes esto y lo otro , que has dejado de preguntar , de pedir que te enseñen , de querer aprender ; que has acabado por convertirte en estúpida para que te dejen en paz .
¿Cómo vas a escribir así ? ¿Cómo vas a "venderte", si tú no crees en lo que quieres vender?
En un mundo de lobos intuitivos, astutos y crueles , no por voluntad de ser malos en sí , sino por el instinto de supervivencia del más fuerte , ¿Cómo va a sobrevivir el más débil , el último en nacer de la camada , el que no recibió tanto alimento como los demás ? Las crías , desde el primer momento , arrinconan al que menos posibilidades tiene de sobrevivir, y , si pueden , intentan que desaparezca , que muera , que deje libre el espacio que los demás pueden aprovechar mejor .
¿Autocompasión? Decididamente , no .
Realismo .
A no ser que , igual que aprendí a pasar por imbécil a conciencia para que dejen de ridiculizarme , aprenda a convertirme en la mujer asocial que mi sentido de la responsabilidad me obliga a obviar . Ese sería otro largo aprendizaje , pero sin duda , mucho más en consonancia con quién soy en realidad . Esa mujer que nadie conoce , ni yo misma .
Que prefiere los animales que a la mayoría de personas .
Que se encuentra en un estado de bloqueo emocional y mental en el que se introdujo como autodefensa , creyendo que sería una guarida temporal , y resultó ser una jaula trampa , de donde ahora no puede salir .
En un mundo ideal , donde el dinero no fuera necesario , yo estaría viviendo en algún rincón solitario , apartada del mundo , que no me interesa lo más mínimo . Pensaría y escribiría sobre lo que pienso . Sobre todas esas cosas que solo me interesan a mí.
En cambio , como animal de la jungla , después de una hermosa noche soñando con esa vida ideal , despierto con la necesidad de ganarme el sustento , de mantener el nido limpio y mullido , de cazar para alimentarme .
Y el sueño vuelve a caer en el olvido hasta que la noche me concede el ansiado descanso .
miércoles, 14 de mayo de 2014
Fue una tarde de verano
Tres hombres
acababan de tomar el primer sorbo de su jarra de cerveza helada ,
sentados en la terraza de La Cubana , cuando empezaron los gritos .
Acababan de llegar desde la costa , conduciendo a casi 200 kilómetros
por hora , para estrenar el último capricho de Miguel . El
descapotable reverberaba por el calor del motor recién apagado ,
mientras los amigos , únicos clientes del bar a aquella hora , lo
contemplaban extasiados .
Miguel fue el primero en salir corriendo escaleras arriba , con el
corazón desbocado al oír los gritos que salían del portal abierto
de su casa , junto al bar. Era la voz de Marina , su hija de siete
años . Olvidando las cervezas , sus dos amigos le siguieron .
Los gritos provenían del dormitorio. Miguel se dirigió hacia allí
casi a ciegas , por la penumbra en que se encontraba el piso.
Al llegar frenó en seco, y los otros dos chocaron contra su
espalda . Empujando a Miguel , que con su cuerpo tapaba la puerta , lo
apartaron para entrar.
En el rincón del fondo, detrás del armario ropero, la niña seguía
chillando en cuclillas , protegiéndose la cara con los brazos. Entre
sus dedos salían mechones de pelo de los que tiraba con fuerza
histérica .
Lo que vieron no fue lo que contarían más adelante, durante
el largo juicio.
El pequeño Daniel , de doce años , se encontraba a horcajadas sobre
el cuerpo inerte de su madre . Gemía y sollozaba mientras movía las
manos sobre el pecho de ésta . De repente, el cuerpo del chico se
tambaleó hacia atrás, y alzó los brazos. Un cuchillo de cocina se
alzó en el aire, salpicando de sangre la cara del muchacho. Saltó
de la cama , y sin ver a nadie, como si solo él y aquel utensilio
existieran en ese lugar y ese momento, se lanzó hacia la puerta , de
donde los hombres se apartaron asustados ante el niño enloquecido y
armado.
Miguel corrió escaleras abajo tras su hijo. Los otros dos aún
tardaron unos segundos en reaccionar , y apartar la vista del infernal
espectáculo que tenían ante ellos.
Las sábanas blancas se confundían con los encajes del camisón que
Ana llevaba puesto y que se le había subido hasta el vientre,
dejando al descubierto las bragas del mismo color. Todo lo que había
sido blanco resaltaba el violento rojo que manaba como una fuente de
su cuerpo... del pecho, de los brazos, del estómago.
La niña seguía gritando desde el rincón , meciendo su cuerpo en la
misma postura defensiva . Los hombres empezaron a salir de espaldas,
sin poder apartar la vista de la mujer muerta hasta que estuvieron
fuera . Entonces corrieron hasta alcanzar la escalera .
Daniel estaba en medio de la calle. Ensangrentado hasta los codos,
alzando el cuchillo, que miraba entre lágrimas y temblores que
estremecían todo su cuerpo.
Miguel lo llamó por su nombre, el niño se volvió hacia su padre
sin bajar el arma , y un grito salió de su boca :
-¡Mamá!, ¡mamá está muerta papá!
-Daniel, dame el cuchillo, por favor, dámelo, dámelo... Miguel
sudaba y el sudor se mezclaba con lágrimas. Su rostro estaba
empapado de agua salada . (-y Ana de sangre-, pensó.). Cayó de
rodillas, sintiendo cómo su alma se rompía de dolor. Su hijo, su
único hijo estaba allí, y él no podía creer que todo aquello
estuviera pasando.
Sal de lágrimas. Sal de sudor. Sal de mar. El mundo olía a sal y a
hierro. El olor de la habitación , de la sangre vertida fuera del
cuerpo de la mujer mas hermosa del mundo.
La gente había empezado a asomar de las casas, cerradas a la calima
de mediodía. Pero nadie se atrevía a moverse de su portal . Ellos
también olían la sal y el hierro, y ese olor perduraría para
siempre en aquella calle, en aquel pueblo, y de vez en cuando,
pasados los años, un fogonazo de recuerdo les llegaría con una
ráfaga de viento impregnado del olor a sangre y sal en los meses de
verano, cuando el sol provocaba mareos y nublaba la vista .
Fueron Antonio y Marcos los que consiguieron que el niño dejara el
cuchillo en el suelo, tras casi media hora al sol, sudorosos,
agotados y aterrorizados todos.
Miguel había subido otra vez, olvidando a su hijo. Lo encontraron
llorando, tumbado en la cama junto a su esposa , ahora ensangrentado
él también . Aspiraba el olor que emanaba del cuerpo tibio, sin
saber bien lo que hacía . Pero si ése era el último aroma que iba a
recordar de ella , lo quería introducir en sus pulmones, en su
cabeza, en su recuerdo, para siempre jamás. Marina seguía en el
rincón , pero ya no gritaba . Su garganta se había roto.
Los servicios sociales se hicieron cargo de ella , que quedó sola y
olvidada por todos. Enloquecida y sedada , apenas caminaba ni comía .
Ella , que lo sabía todo, no fue interrogada . No sabía lo que
ocurrió fuera de aquel manicomio los meses y los años siguientes,
ni le importaba. No era consciente de que tuviera que importarle, ni
de que ella era la única que lo vio. Nadie fue a preguntarle .
Eso fue lo que encontró la policía del pueblo, cuando llegó el
primer coche patrulla , casi una hora después de recibir las llamadas
de auxilio de los vecinos .
En julio, en aquel lugar, a aquella hora ... ¿quién hubiera pensado
que pudiese pasar algo?. Los cuatro funcionarios del orden se
encontraban desviando el tráfico en un atasco a la entrada de la
costa . Temporada alta turística ...
Llevaron a Daniel al calabozo . Empapado de sangre . La sangre de su
madre , confirmó el forense . En el cuchillo había multitud de
huellas, las del chico entre las otras, todas confundidas y
sobrepuestas .
Miguel se presentó al cabo de dos días, acompañado por sus amigos . Uno de ellos salió pasada una hora , y regresó con un
hombre oscuro y anodino. Un abogado. Éste pidió cita con el
comisario. Miguel firmó una declaración . En ella, relataba cómo
había asesinado a su mujer .
-¿Móvil?
-Quería cobrar su seguro de vida para pagar el coche nuevo. Estaba planeado hacía meses .
Y luego se había ido con sus dos amigos
y su hijo Daniel a la costa , a estrenar su descapotable. No previó
que el chico saltara al llegar y subiera al piso el primero. Debía
parecer que un ladrón había entrado y, encontrando a Ana , la había
matado para robar.
Durante el juicio, solo la compasión por aquel niño que sollozaba
con la frente apoyada sobre la mesa , oculta tras sus delgados
bracitos, hizo que lo increíble fuera creíble .
La víctima se encontraba vestida solo con un leve camisón blanco
en pleno día . Las sábanas, alborotadas. Como si hubiera estado
yaciendo. No faltaba dinero, ni joyas, ni nada estaba revuelto. No
había signos de lucha .
La hija , en estado catatónico y demasiado pequeña , tampoco
serviría como testigo, y fue descartada .
La sangre tibia , que aún seguía esparciéndose sobre el
colchón cuando la policía entró, no concordaba con las horas que ,
según Miguel, hacía que había abandonado el cuerpo de su mujer
para irse a pasear con sus amigos y su hijo.
Pero al tribunal, por las ventanas abiertas, le llegaba el olor a
sal y hierro, y querían que aquello acabara ya . Condenaron a Miguel,
y el pequeño acabó creciendo con sus abuelos paternos.
Treinta años de cárcel, treinta años de dudas y dolor.
Miguel murió de cáncer sin saber quién había roto su vida y la
de sus seres amados.
Sus amigos, los que juraron en falso, nunca volvieron a visitarlo,
y, si en algún momento de sus vidas se cruzaron por el pueblo con
Daniel, volvieron la cara para no mirarlo. Ellos sí creían que
había sido el niño. Ellos y todo el pueblo.
Pocos días después del crimen, un hombre mal vestido, moreno y de
mirada huidiza , se enrolaba en un barco pesquero rumbo al norte, para
no volver jamás. Había entrado a robar en una casa silenciosa , que,
tras un rato de escuchar sin apenas respirar, creyó vacía . Pero la
mujer del camisón blanco le encontró en el dormitorio. Debía estar
en la cocina, y se abalanzó sobre él con el cuchillo. Solo tuvo que
empujarla y apagó sus gritos con el mismo cuchillo que resbaló de
su mano por el mismo terror.
(Había una niña pequeña oh dios oh dios mío qué hice...) .
Debían descansar juntas cuando él
entró. La vio al levantar el rostro, con el arma en la mano. Solo
con mirarla , la niña se puso a gritar cubriéndose la cara con las
manos. Entonces, huyó. Nunca leyó los periódicos. Nunca supo lo
que había provocado con su último intento de robo, que por primera
y última vez fracasaba .
Antes de un año, el hombre moreno se tiró por la borda del barco
pesquero. No podía dormir. Cada vez que el cansancio lo vencía , los
gritos de la niña lo despertaban bruscamente, y la delgadez de su
cuerpo, que vomitaba todo lo que tragaba a duras penas, no le
permitía trabajar en el duro oficio de pescador.
Ilustración: Pau. escapulanews.blogspot.com.es
lunes, 12 de mayo de 2014
Cuatro kilómetros
La noche que Marta
se suicidó , fue un acto tan impulsivo como los que habían dominado
todos los hechos determinantes de su caótica vida . Si todos los que
la querían , o al menos apreciaban , como ella hubiese dicho, se
devanaron los sesos pensando por qué no dejó una nota de despedida ,
por qué precisamente de aquella forma tan brutal , ninguno hubiese
acertado en que no había ni premeditación , ni intención .
No murió en el
acto . Su último castigo fue sentir el dolor más grande (quién le
hubiese dicho a ella que siempre podía haber algo más doloroso que
lo anterior), y su último pensamiento fue :
-¡Oh Dios mío, yo
no quería matarme!
Hacía unos
segundos , caminaba por el arcén de una carretera secundaria , con un
chándal manchado de lejía en los bajos del pantalón , y un forro
polar azul marino . Las piedrecillas de asfalto se le clavaban a
través de la fina suela de sus viejas zapatillas de andar por casa .
Ya no podía más .
A pesar de ser febrero, sudaba por los cuatro kilómetros que había
dejado atrás desde que dio el portazo, dejando la cena en la mesa y
caminando a paso ligero sin rumbo, hasta salir del pueblo y continuar
por la carretera oscura .
Ya casi no
recordaba exactamente la escena que la había hecho salir de casa a
esas horas . Tampoco lloraba . Sentía las lágrimas resecas en la piel
caliente , pero el agotamiento hacía rato que le había quitado las
ganas de seguir llorando. ¡Si le venía justo respirar!
De vez en cuando,
un coche la deslumbraba , y ella , mareada y con los pies cada vez más
doloridos , se tambaleaba un poco, pensando en la posibilidad de caer .
Hacia el arcén sucio que a trozos olía a rata podrida , o... hacia
los faros.
Su móvil sonó, y
ella rebuscó en su bolsillo.
-¿Qué quieres?
-¿Dónde estás?
-Cerca del
cementerio.
-Vas a tardar
mucho? Tu plato está en la mesa aún. ¿Te lo caliento?
-¿¡Qué!?
Marta no podía
creerlo. Estaba a más de cuatro kilómetros de casa , y ni siquiera
se habían dado cuenta . Posiblemente creían que se había ido con el
coche. ¿Dónde? ¿Es que nadie se daba cuenta de que estaba furiosa ,
y por eso había salido del piso de un portazo? ¿Cuánto tiempo
llevaría andando en zapatillas? Desde luego, hasta que ellos no
habían acabado de cenar en paz , libres de sus gritos , él ni se había
molestado en llamarla .
En ese momento,
unos faros se acercaban rugiendo en dirección a ella . Cegada por la
luz , entornó los ojos, otra vez anegados de lágrimas de rabia , y,
sin pensarlo , solo dejó que sus pies avanzaran hacia la derecha .
Solo un poco. Fuera de la tenue línea blanca del arcén . Esa fue la
última estupidez que cometió en su vida . Realmente no quería
morir. Ni siquiera había soltado el teléfono, que salió volando
hacia el cielo.
jueves, 17 de abril de 2014
Para siempre, Gabo.
Perdidas las musas , la inspiración y la fuerza de voluntad , me obligo a escribir por respeto, porque no puedo dejar pasar que hoy uno de mis ídolos ya es una estrella en el cielo . Inigualable genio de la historia de la literatura mundial , uno de los poquísimos , casi el único , creo , escritor que me ha hecho releer sus novelas , nos ha dejado . Cuando tuve en mis manos "Memorias de mis putas tristes", ya sabía por la prensa que aquella sería la última . Nadie podrá igualar nunca el realismo mágico, el don de los adjetivos que nunca agobian, los adverbios que no sobran, la palabra justa, estudiada y escrita con tanta sencillez como fuerza.
Sé de memoria , a fuerza de releerlo , el comienzo de "Crónica de una muerte anunciada". La fuerza con que empieza es inmensa , te obliga a seguir el relato que sabes desde la primera frase cómo va a terminar :
"El día que lo iban a matar , Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo . Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna , y por un instante fue feliz en el sueño , pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros ."
En "Cien años de soledad", me quedo con las soberbiamente resumidas 469 páginas en una frase insertada en un párrafo , algo a lo que jamás podríamos aspirar a saber hacer casi ninguno de nosotros , simples mortales , ésta es para mí la frase que describe la grandiosidad de este hombre :
Aureliano no pudo moverse . No porque lo hubiera paralizado el estupor , sino porque en aquel instante prodigioso se le revelaron las claves definitivas de Melquíades , y vio el epígrafe de los pergaminos perfectamente ordenado en el tiempo y el espacio de los hombres :
El primero de la estirpe está amarrado a un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas .
Solo he querido recordarlo como buenamente sé , aunque jamás le olvidaré , porque Don Gabriel, Gabo , estará para siempre en el lugar más querido de mi biblioteca .
Gracias por haber existido y descanse en paz .
martes, 15 de abril de 2014
Hasta otra...
Hola amig@s. Tengo que deciros a los que entráis en el blog a ver qué chorradas he escrito últimamente , que me despido hasta mejores tiempos . Estoy bloqueada , no puedo pensar en nada entretenido . Me paso horas mirando mis apuntes, pasando de una a otra de mis dos novelas a medias , y al final cierro el ordenador enfadada y triste. Mi cabeza está en blanco.
Además de que estos dos últimos meses escribir era un suplicio físico también . Hace dos meses, me puse a arreglar el jardín para la primavera y el verano. Trasplanté rosales ante la puerta, sembré pensamientos, geranios, crisantemos y claveles. Las rosas han muerto, y las flores no nacerán siquiera . Porque no he vuelto a regarlas, y las flores sin cuidados y cariño se mueren , y yo , por desgracia , no soy el Principito , que estuviera donde estuviera , siempre regresaba a regar su rosa amada y ponerle la campana de cristal para que no le diera el frío de la noche . Aunque si alguna sobrevive, aunque yo ya no lo vea, habrá valido la pena el haberme dislocado el codo en un lugar donde nadie lo iba a agradecer . Bueno , ni siquiera creo que nadie viera las flores más que yo... pero son flores...
Solo tengo ganas de estar en mi pequeña cala escondida , cuando no hay nadie y solo las olas rompiendo contra las rocas me susurran cosas que no comprendo, pero que me tranquilizan . Es mi infancia , que está allí , y allí vuelvo como siempre , cuando necesito soledad , pero la compañía y el olor del mar .
Hasta más adelante , si puedo volver a escribir .
Adiós y sed valientes en la vida . Lo único seguro , es que el sol saldrá cada mañana , día tras día .
jueves, 10 de abril de 2014
Chopin - Preludio en re bemol mayor Op 28 Nº 15 "Gota de Agua"
Hoy he llevado fotos a imprimir. Muchos años guardadas en una carpeta, esperando un momento que nunca llegaba. No era tan importante, siempre podía esperar. Al fin, el momento ha llegado. Cuando se hicieron muchas de ésas fotos, eran "mis fotos", "nuestras fotos". Al volver a casa, me he encontrado haciendo cuatro montones con ellas. Porque el tiempo ha pasado, y solo quedan las fotos para recordar una familia que ahora son cuatro individuos. Cada cual quiere las suyas. Y si en alguna coincidimos, que tire de ella quién más la desee...
Cuando Chopin escribió este preludio, en La Cartuja de Valldemossa, estaba solo en su celda . Aurore y los niños habían salido a correr aventuras bajo la lluvia . Fréderic, enfermo, febril y deprimido, esperaba su regreso, atormentado por las voces, los fantasmas, y la gota de agua que caía sin cesar en un cacharro de cocina.
De esa tarde de tormenta, del sentimiento de soledad y tristeza, salió esta romántica pieza.
Ni siquiera tras su muerte, aquella historia de amor tuvo más recuerdo que lo que de ella escribió George Sand, escondiendo su relación ilegal tras un pseudónimo, y una supuesta amistad. El único retrato de los -en un tiempo enamorados-, realizado por Delacroix, fue cruelmente cortado y expuesto en dos museos diferentes, en diferentes países. Una historia de amor tan grande, que dio frutos como ese preludio, y como "Un invierno en Mallorca", se acabó para siempre tras la tormenta .
He visto las dos partes del cuadro, y las dos veces he sentido una punzada de pena. Y a cada uno le he dado un beso de parte del otro. Por lo que fueron un día .
miércoles, 9 de abril de 2014
Los gatos dan mala suerte
Esta mañana me he despertado a medias entre el suicidio y el intento de asesinato. Es una mala forma de empezar el día, de verdad. Suena fatal, pero la explicación es peor.
Mi linda gatita, cada mañana al salir el sol, se sube a mi cara, la patea, la empujo, y salta a la mesilla de noche. Entonces, empieza a restregar su hociquito por la lámpara, empujándola hacia mí hasta que me la tira encima. Antes lo hacía con el móvil, el reloj, los kleenex... pero como caían al suelo, buscó algo más contundente: la lamparilla de noche.
Yo ya estaba desesperada, no sabía qué hacer. Es que, encima, es la única que me queda, porque la del otro lado de la cama ya la rompió hace unos meses, pantalla y bombilla, al no acertar la cama y empujar hacia el suelo, y casi nos mata a todos de un infarto.
Mi gran idea de anteayer fue que, antes de que rompiera también ésta, la cambiaría por un cubo de cristal mazizo que tengo en una cómoda y que nunca enciendo, así que toda feliz, ayer por la mañana, con un ojo abierto, espiaba a la gatita subida al cubo sin saber qué hacer, y yo me reía sola, y mi error ha sido confiarme. Esta mañana, tras el pisoteo de cara, riñones y todo lo que le dé por pisar, (por cierto, carente de cualquier ronroneo o cariñito), me he vuelto tranquilamente. Es que eran las 7 de la mañana... y lo siguiente, ha sido notar algo que me rozaba la oreja y rebotaba en la almohada:
¡El cubo!
Ahora entendéis lo del suicidio o asesinato... si me encuentran muerta de un lamparazo, ¿quién va a sospechar de la gata???
Y realmente, hubiera sido un suicidio, porque la lámpara la puse yo ahí, sabiendo que esa gata no es una gata, sino un engendro del demonio... aunque luego le dé besitos, si, lo reconozco...
Por supuesto, esta mañana se ha quedado sin su bol de leche.
Lo mismo me pasa con todo en la vida. Ahora estoy escribiendo aquí hackeando mi propio blog, porque no hay manera de entrar desde ayer, y he tenido que buscar una puerta por el sótano para entrar.
Patético.
Ya sé que tres cosas hay en la vida, y a mí me falta de las tres, pero la tercera, es algo que lo cuentas y no se lo cree nadie.
A los 15 años, me enamoro de un alcohólico drogata que 25 años después me sigue dando mala vida.
El segundo "hombre de mi vida", 14 años más tarde, resultó ser gay, y yo era tan inocente en materia masculina que tardé meses en saber por qué le gustaban más los perfumes a él que a mí.
Y el tercero ha tardado nueve años en darse cuenta de que un artista no sabe vivir en pareja y que ya no me quiere, porque la convivencia ha sido un desastre...
Y mi gata intenta asesinarme con el único artilugio de Ikea que no es de cartón ni plástico desmontable.
Eso sí, este ha sido el primer caso de intento de asesinato en la historia en que a la víctima le ha dado un ataque de risa sincera. Debo ser una bruja, porque sigo adorando a la puñetera maltratadora matutina.
Luego la gente usa despectivamente el apodo "loca de los gatos", pero es que l@s que tenemos gatos somos de una pasta especial.
No voy a decir que es que nos gusta que nos traten mal, porque los perros tampoco se merecen normalmente al tipo de persona que tienen por "amo", "compañero", o como quieran llamarse. Mucho "te quiero perrito", pero yo me fijo en cómo los tratan día a día.
En fin, a buen entendedor, no sé muy bien lo que digo.
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